Culo veo, culo quiero. Y no estamos hablando de Nacho Vidal en sus tiempos de mozalbete. Es así, queremos cosas que en realidad no nos hacen falta y además, pasaremos de ellas como de la mierda. Este instinto avaricioso ya viene cargado en nuestros genes desde muy pequeños. Costumbres como chupar por chupar el chupete hasta la extenuación no hace más que confirmar este punto (hacemos cosas sin pensar). Por ejemplo, alguien se compra un “cortador y rayador de patatas”, te lo enseña, lo ves, y piensas… “que pasada, yo quiero uno”. Lo pides, te llega a casa y entonces piensas “coño, si a mi no me gustan las patatas”. Pero ahí lo tienes…
Pero nuestro gen avaricioso quiere más. Un amigo se compra la wii y le ves jugar a tenis virtual y tu vas y te la compras A PESAR DE ESTAR CON UNA LUXACION EN EL HOMBRO, con un par… ¡Eh, que ya tengo la wii conectada, no la puedo usar, pero ahí está! ¿Se puede superar esta patética muestra de la avaricia del gen? Por supuesto. Suele pasar que al comprarte un coche súper guay, a los dos meses, se presenta un amiguete con el mismo coche pero siendo la nueva versión, por lo que parece que tú tienes una carraca y el un Ferrari. ¿Qué hacer? En estos casos, si tienes hipoteca, por mucho que el gen avaricioso quiera, te jodes y te comes el coche, con patatas, que al menos las puedes cortar con el rayador ese que no usas para nada…
Y ya puestos, el gen avaricioso no existe, aunque si existiera, seguro que lo comprábamos, aunque no sirva para nada.
El Lunes que viene prometo descubrir un nuevo enigma existencial… aquí, gratis, en mi Blog.
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