El “Rossumen” de la semana…
¿Dónde coño está Georgie Dann? ¡Que estamos a mediados de Agosto y no tenemos la canción del verano, esto es una emergencia nacional! Si cortan la emisión de programas en la tele por el nacimiento de una infanta, ¿no lo hacen por estar toda España sin la canción cizañera y repetitiva de cada verano? Y no, la de los micrófonos no vale… “La playa, los micrófonos, el batido, los micrófonos, un libro, los micrófonos…”. ¡Joer que obsesión con los putos micrófonos! Yo creo que pegaría más con “euribor”… “La playa, el euribor, los libros del cole, el euribor, el trabajo, el euribor, el euribor…”. A mi no me importa que vuelvan a poner la de “la bar ba coa”, que podría ser de paso el himno nacional de Mercedes McLaren, porque el ambiente no es que esté caliente en la escudería, sino carbonizada. Aunque yo creo que también les pega la de “¿Mami que será lo que quiere el negro? Pues está claro, montar el pollo y asarlo en “la bar ba coa”. ¿Y a estos no les quitan puntos con todas las putadas que se hacen?
Un Indio roba un collar, vamos, se lo traga concretamente, y al pillarle le dicen que o le operan o se come unos cuantos plátanos porque es un laxante natural. Total, que el tío lleva ya 40 plátanos y el collar se ha quedado en plan tenia por sus intestinos… “Cagar no cago, pero le estoy cogiendo un asco a los jodidos plátanos”.
Hablando de asco, ¿recordáis aquel anuncio de la tipa que escribía a máquina, se giraba y decía de un modo solemne “sufro las hemorroides en silencio”? Pues se han superado, y mira que ser más desagradable ya es difícil, porque a esta ya te entran ganas de decirle “¡Pues sigue padeciéndolas en silencio coño y sigue tecleando!”. Ahora han cambiado el decorado, sale una tía de viaje para arriba y para abajo y cuando llega al hotel se enchufa un micro enema, y ahora viene lo fuerte “con xxx estoy tranquila”. ¿Pero como vas a estar tranquila sabiendo que te vas a meter algo por ahí? Es como si yo supiera que al salir del trabajo me fuera a meter algo por el culo… ¡Me quedo a dormir en la oficina! Y todos, ¿no te vas? ¿no te vas? Y tú, nooooo pesados… Y ellos, ¿pesados? Encima de que nos preocupamos, anda y que te den por culo. Total, que te irías a casa con más miedo que el niño del sexto sentido.
Si es que mucho siglo XXI y muchas gaitas pero los supositorios y los enemas no han cambiado para nada. Si los científicos son tan inteligentes, ¿por qué no inventan un supositorio que se tome por la boca y ya llegará a su destino? Imaginaros el anuncio, “Y ahora me voy a tragar el nuevo supositorio por la boca… Mmmmm delicioso, sabe a café con leche”. Lea las instrucciones de este medicamento y no os lo metáis por el culo que el ano no saboreará el intenso aroma a café recién molido, viciosos.
Y por favor, si se puede saber que una mujer ha quedado embarazada con unas gotitas de orina, ¿por qué al pasar la revisión tenemos que seguir llevando el tupper ware con nuestro pis matutino? Que cualquier día nos vamos a liar y vamos a darle al médico la sopa y vamos a recalentar la… el… ¡qué asco! ¿Para qué querrán tanto pis? Ahí dejo esa incógnita…
¿Dónde coño está Georgie Dann? ¡Que estamos a mediados de Agosto y no tenemos la canción del verano, esto es una emergencia nacional! Si cortan la emisión de programas en la tele por el nacimiento de una infanta, ¿no lo hacen por estar toda España sin la canción cizañera y repetitiva de cada verano? Y no, la de los micrófonos no vale… “La playa, los micrófonos, el batido, los micrófonos, un libro, los micrófonos…”. ¡Joer que obsesión con los putos micrófonos! Yo creo que pegaría más con “euribor”… “La playa, el euribor, los libros del cole, el euribor, el trabajo, el euribor, el euribor…”. A mi no me importa que vuelvan a poner la de “la bar ba coa”, que podría ser de paso el himno nacional de Mercedes McLaren, porque el ambiente no es que esté caliente en la escudería, sino carbonizada. Aunque yo creo que también les pega la de “¿Mami que será lo que quiere el negro? Pues está claro, montar el pollo y asarlo en “la bar ba coa”. ¿Y a estos no les quitan puntos con todas las putadas que se hacen?
Un Indio roba un collar, vamos, se lo traga concretamente, y al pillarle le dicen que o le operan o se come unos cuantos plátanos porque es un laxante natural. Total, que el tío lleva ya 40 plátanos y el collar se ha quedado en plan tenia por sus intestinos… “Cagar no cago, pero le estoy cogiendo un asco a los jodidos plátanos”.
Hablando de asco, ¿recordáis aquel anuncio de la tipa que escribía a máquina, se giraba y decía de un modo solemne “sufro las hemorroides en silencio”? Pues se han superado, y mira que ser más desagradable ya es difícil, porque a esta ya te entran ganas de decirle “¡Pues sigue padeciéndolas en silencio coño y sigue tecleando!”. Ahora han cambiado el decorado, sale una tía de viaje para arriba y para abajo y cuando llega al hotel se enchufa un micro enema, y ahora viene lo fuerte “con xxx estoy tranquila”. ¿Pero como vas a estar tranquila sabiendo que te vas a meter algo por ahí? Es como si yo supiera que al salir del trabajo me fuera a meter algo por el culo… ¡Me quedo a dormir en la oficina! Y todos, ¿no te vas? ¿no te vas? Y tú, nooooo pesados… Y ellos, ¿pesados? Encima de que nos preocupamos, anda y que te den por culo. Total, que te irías a casa con más miedo que el niño del sexto sentido.
Si es que mucho siglo XXI y muchas gaitas pero los supositorios y los enemas no han cambiado para nada. Si los científicos son tan inteligentes, ¿por qué no inventan un supositorio que se tome por la boca y ya llegará a su destino? Imaginaros el anuncio, “Y ahora me voy a tragar el nuevo supositorio por la boca… Mmmmm delicioso, sabe a café con leche”. Lea las instrucciones de este medicamento y no os lo metáis por el culo que el ano no saboreará el intenso aroma a café recién molido, viciosos.
Y por favor, si se puede saber que una mujer ha quedado embarazada con unas gotitas de orina, ¿por qué al pasar la revisión tenemos que seguir llevando el tupper ware con nuestro pis matutino? Que cualquier día nos vamos a liar y vamos a darle al médico la sopa y vamos a recalentar la… el… ¡qué asco! ¿Para qué querrán tanto pis? Ahí dejo esa incógnita…
La “rossflexión” tonta de la semana…
Nacemos, crecemos, nos cabreamos y morimos. Nos mosqueamos más que un calvo en una fiesta de Llongueras, “chaval, no escondas tu pelo”. En fin, a lo que voy, nos enfadamos cada vez más, aunque el calvo este tendría razones… ¡Que se hubiera metido a comentarista de Fórmula 1 o comentarista de fútbol con fatatas!
De hecho, tenemos incluso pre-enfados, es decir, cabreos que tenemos programados en nuestro organismo, listos para saltar como un resorte. Por ejemplo, los domingos a eso de las 7 de la tarde te entra el asco ese que no puedes reprimir porque al día siguiente tienes que currar, a esto lo llamaremos “cabreo inevitable”.
Sin embargo, cuando conducimos, sea el día que sea, hacemos de “transformer” y pasamos de ser humano a energúmeno en segundos. “Capullo pon el intermitente, quítate de en medio, no adelantes por ahí, anda pasa pasaaaaaa, qué eh qué so payaso, míralo sacándose los mocos el muy guarro, me vas a comer…”, y así un sinfín de frases standard que soltamos con la misma facilidad que Mr. Push lanza pepinos a otros países. Este es el cabreo “y cuanto más acelero, más calentito me pongo”.
Cuando en la oficina tienes que lidiar con plastas, babosos, trepas y demás fauna que genera “browns” (marrones como la moña de una vaca, vamos), normalmente nuestra aceleración de mosqueo viene a ser como la del coche. Estás en el silencio de la oficina, todo tranquilo y de repente oyes a uno hablando consigo mismo a gritos: “¡Si es que no puede ser cohones (no he puesto la J para que sea una palabrota muda) que siempre me tienen que buscar a mi, y yo no puedo, que quieren, que me implante 4 manos más, yo un día de estos lo mando todo a tomar por culo”. Y todos pensando “Si si, anda mastica bien el marrón, que ya se te pasará”. Este es sin duda el cabreo “Windows vista, porque se ve que te cabrea y además te quedas bloqueado”.
Pero si hay un cabreo universal, es el de pareja. Normalmente uno se cabrea y el otro no se entera de la película, lo que hace que el mosqueo del otro sea más grande. Total, que te sientas y dice la parte cabreada “¿Qué, no vas a decir nada?”, y tu dices “Hola”. Cagada total. “¿Pero como que “hola”, a ti te parece normal que ni tan siquiera pidas disculpas?” Y tú arreglándolo: “¿Pero qué he hecho?” “Ah, que encima no lo sabes, no sabes que no me has regalado nada porque hoy es nuestro tercer aniversario de cuando vimos “Harry Potter y la piedra filosofal”. Ay va la ostia que tenemos que celebrar que vimos esa peli… “Perdona cariñooooo, que fallo más tontooooo”. Esos son los cabreos “volcán”, porque pueden permanecer inactivos durante meses, pero de repente pueden petar y claro, te cae todo a ti, por dormir junto a un volcán….
Desde la ciudad de las obras eternas, como las erupciones,
Ross
Nacemos, crecemos, nos cabreamos y morimos. Nos mosqueamos más que un calvo en una fiesta de Llongueras, “chaval, no escondas tu pelo”. En fin, a lo que voy, nos enfadamos cada vez más, aunque el calvo este tendría razones… ¡Que se hubiera metido a comentarista de Fórmula 1 o comentarista de fútbol con fatatas!
De hecho, tenemos incluso pre-enfados, es decir, cabreos que tenemos programados en nuestro organismo, listos para saltar como un resorte. Por ejemplo, los domingos a eso de las 7 de la tarde te entra el asco ese que no puedes reprimir porque al día siguiente tienes que currar, a esto lo llamaremos “cabreo inevitable”.
Sin embargo, cuando conducimos, sea el día que sea, hacemos de “transformer” y pasamos de ser humano a energúmeno en segundos. “Capullo pon el intermitente, quítate de en medio, no adelantes por ahí, anda pasa pasaaaaaa, qué eh qué so payaso, míralo sacándose los mocos el muy guarro, me vas a comer…”, y así un sinfín de frases standard que soltamos con la misma facilidad que Mr. Push lanza pepinos a otros países. Este es el cabreo “y cuanto más acelero, más calentito me pongo”.
Cuando en la oficina tienes que lidiar con plastas, babosos, trepas y demás fauna que genera “browns” (marrones como la moña de una vaca, vamos), normalmente nuestra aceleración de mosqueo viene a ser como la del coche. Estás en el silencio de la oficina, todo tranquilo y de repente oyes a uno hablando consigo mismo a gritos: “¡Si es que no puede ser cohones (no he puesto la J para que sea una palabrota muda) que siempre me tienen que buscar a mi, y yo no puedo, que quieren, que me implante 4 manos más, yo un día de estos lo mando todo a tomar por culo”. Y todos pensando “Si si, anda mastica bien el marrón, que ya se te pasará”. Este es sin duda el cabreo “Windows vista, porque se ve que te cabrea y además te quedas bloqueado”.
Pero si hay un cabreo universal, es el de pareja. Normalmente uno se cabrea y el otro no se entera de la película, lo que hace que el mosqueo del otro sea más grande. Total, que te sientas y dice la parte cabreada “¿Qué, no vas a decir nada?”, y tu dices “Hola”. Cagada total. “¿Pero como que “hola”, a ti te parece normal que ni tan siquiera pidas disculpas?” Y tú arreglándolo: “¿Pero qué he hecho?” “Ah, que encima no lo sabes, no sabes que no me has regalado nada porque hoy es nuestro tercer aniversario de cuando vimos “Harry Potter y la piedra filosofal”. Ay va la ostia que tenemos que celebrar que vimos esa peli… “Perdona cariñooooo, que fallo más tontooooo”. Esos son los cabreos “volcán”, porque pueden permanecer inactivos durante meses, pero de repente pueden petar y claro, te cae todo a ti, por dormir junto a un volcán….
Desde la ciudad de las obras eternas, como las erupciones,
Ross

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