© ® Texto e idea original de M. Ruiz
¿Hay crisis? No, pero la habrá. El otro día estaba en un Centro Comercial y me dio la sensación de estar en “La Bolsa”… ¡Compro, compro, compro! Que obsesión, parece como si un espíritu Gastón nos hubiera poseído. “Me lo llevo, me lo llevo”. ¿El señor quiere el ticket regalo? “Me lo llevo, póngame dos por si acaso”. Claro, porque tu vas con tu planteamiento anti-consumista “le compro un detallito y no me gasto mucho”. Pero claro, estás ahí en la tienda de Svarosky con un imbécil al lado que empieza a mirar relojes de 500 euros, y tú dices, “¿de más de 500 no tienes nada?”. Y si, claro que lo tienen… y lo compras como un gilipollas, para que luego te regalen un puñetero pijama… ¡PRINGAO!
Es la época de un virus cojonero que nos pone con fiebre. Fui al médico y le dije que tenía fiebre y demás… Y me dijo “es un virus”. ¿En serio? ¿Un virus? Y yo que creía que era una planta… ¡Pues claro que es un virus! ¿Pero, qué virus? “El que hace que tengas fiebre y malestar general”. En fin, dejé esa discusión para otro día, pero ahí me vinieron decenas de preguntas sin respuesta. Cuando tienes fiebre, ¿por qué te duelen los huesos? Qué pasa, ¿que se calientan? Después de la fiebre vienen los mocos a mansalva, ¿por qué te taponan las narices por la noche a la hora de dormir? “Mamá, yo creo que en vez de mocos, tengo cemento cola, porque por aquí no pasa ni una mota de polvo”. Lo bueno de los mocos es que no hueles. Lo malo, es que te puedes tirar un cuesco en la oficina, y lo mismo te has tirado uno en plan “gas mostaza” y no te das cuenta del pestazo, que están todos muriendo y tu como si nada… ¿Qué os pasa compañeros? “Salvate tu que estás a tiempo, correeeeee”.
¿Os tocó el gordo? Yo ya me estoy empezando a mosquear. Me da la sensación de que cada año salen los mismos afortunados por la tele. ¿Y si son figurantes? Pero nada, todos con la salud por delante, pero si si, pobres y con el puto virus ese…
¿Alguien cenó conejo? Espero que no, porque solo falta que les hagamos caso en eso. Yo quería hacer Euribor a la parrilla, pero no pude pillarlo, vuela demasiado alto el muy cabrón. Ahora es la época de la familia… coño con lo bien que estás todo el año, y por tradición, nos jodemos la salud. Siempre te viene alguien “Uy, Manolo, que gordo estás”, y tú, “si, pero yo no tengo 87 años”. “¿y que, ya tienes novia o sigues solo solo solo, como siempre?”, y tú, “no, no tengo novia, para llegar a estar con alguien como tú prefiero estar solo”. “Y sigues trabajando en esa mierda de sitio o…”, y tú, “que se calle señora, que no sé ni quien es, a mi me parece que usted es de otra familia, pero como lleva tantos años viniendo a ver quien la echa…”.
Si hay algo que se debe erradicar cuanto antes, es el amigo invisible, que yo lo llamo “el amigo insufrible”. Vamos a ver, te regalan algo y tu… “uyyyy, que bonito y que útil”, pero por dentro piensas “qué es esto y para qué sirve”. Hay gente que tras 10 amigos invisibles ha decidido montar una tienda de bufandas y guantes… ¿Por qué cuando no sabes que regalar te vas siempre a una bufanda? “Mira cari, una bufanda… “. Qué bien, ya debo tener suficientes metros para colgarme de ellas….
La “rossflexión” tonta de la semana…
La agresividad
Si en un momento dado te entran ganas de romperle los dientes a alguien, eso no es impulso, es agresividad. ¿Y dónde está la agresividad? Pues en el coche, si, allí parecemos un muñeco transformer y nos sale la mala leche hasta por la nariz… Lo curioso es que todo el mundo conduce de pena menos tú. Yo lo tengo comprobado, si me quiero desestresar me doy un paseo en coche, insulto a 20 ó 30 coches, y se me pasa. Además, no hace falta que te oiga, sin gritar tú dices: “me cago en tu padre pedazo de inútil, te crees que el carril izquierdo es para ir plantando setas pedazo de paleto, apestas y eres tonto del culo”. Acto seguido, le miras, le sonríes y el tío encima, se va casi agradecido. Es lo mismo que ir a un partido de fútbol para insultar al árbitro, pero más barato.
Nosotros no lo sabemos, pero… ¿Cuántas veces nos habrán perdonado la vida? La agresividad sin embargo, reside en otros muchos lugares. Por ejemplo, en las colas. Bueno, allí no hay ley que valga, un despiste, un amago de mirar un precio y te ha pasado medio carrefour. La agresividad se intensifica cuando tienes una cola de 10 carritos, y hay un puto producto que no pasa el código de barras, pero como tú no lo quieres dejar, tienen que mandar a la patinadora del lago de los cisnes a comprobar el precio. En esos minutos donde la cola ya tiene los ojos inyectados en un color amarillento, curiosamente te empiezan a sangrar los oídos… Eso, también es agresividad, contenida, pero agresividad. ¡Y cuidado con mirar a la cola y esbozar una sonrisilla! ¡No lo hagas porque se puede desatar la madre de todas las batallas!
Desde la ciudad de las obras eternas, y agresivas,
Ross
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